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Sobre la Ilicitud de Golpear a la Esposa
Abdelmu'min Aya
La Generalitat de Catalunya abrió “la caja de Pandora” cuando preguntó a las hermanas de la Asociación Insha Allah de Barcelona por su opinión sobre las alusiones que Mustafá Kemal, presidente e imam de la Asociación Sohail de Fuengirola, hace en relación al castigo físico de las esposas en su libro “La mujer en el Islam”.
Al publicarse en los medios la fatwa y las comunicaciones habidas entre las asociaciones y Mustafá Kemal, se abrió el debate, no solo entre los miembros de la Umma en nuestro país sino también con diferentes personalidades de la vida social española que con contundencia amenazaron a Mustafá Kemal con una denuncia en los tribunales. Paralelamente, la Fundación para la investigación de la jurisprudencia islámica en España pidió la opinión a sabios de reconocido prestigio en Inglaterra, Francia y Marruecos, que reforzaron su seguridad en estar dando al pasaje coránico en cuestión una interpretación adecuada. Como se puede comprobar en el estudio que sirvió de base a la fatwa emitida, la interpretación de esta aya es muy controvertida debido a la diversidad de significados que tienen las palabras usadas en ella, y por tanto los musulmanes debemos acudir a la Sunna del Profeta, que “era el Corán andante”, para clarificar su significado. Y en este caso encontramos que Rasulullahi jamás pegó a ninguna mujer, a pesar de que sabemos que en ocasiones tuvo problemas matrimoniales. El diecinueve de julio Mowafak Kanfach, autor de la introducción y editor del libro La mujer en el Islam de Mustafá Kemal se comprometió públicamente a retirar los ejemplares de los puntos de distribución y a rectificar el texto de la página 87. El mismo día un portavoz de la Mezquita de Fuengirola afirmaba en el programa La Ventana del Verano de la Cadena Ser de España que en el Islam está tajantemente prohibido el maltrato a la esposa. Quedando, así, cumplido el objetivo del debate: aclarar que en el Islam está prohibido cualquier tipo de maltrato conyugal. Planteamiento del Problema
— Nunca se debe pegar en situación de furia exacerbada y ciega para evitar males mayores. — No se deben golpear las partes sensibles del cuerpo (la cara, el pecho, el vientre, la cabeza, etc...) — Los golpes se han de administrar a unas partes concretas del cuerpo como los pies y las manos, debiendo utilizarse una vara no demasiado gruesa, es decir, ha de ser fina y ligera para no dejar cicatrices o hematomas en el cuerpo. — Los golpes no han de ser fuertes y duros, porque la finalidad es hacer sufrir psicológicamente y no humillar y maltratar físicamente. — Gracias a las restricciones y limitaciones anteriormente expuestas, el Islam ha vaciado el castigo físico de significado como medida represiva y lo convirtió en puro maltrato de índole psicológico-moral (...)”. Este texto, como mínimo, demuestra la evidente falta de habilidad en el uso del castellano, pues no podemos creer que su autor pretendiera decir lo que se entiende en dicho idioma, razón por la cual llevamos años defendiendo que —conforme a la sabiduría del fiqh— no se emita fatwa sin un conocimiento grande de la realidad del territorio al que se destine y del idioma en que se emita. Sin embargo, la torpeza de la que el autor hace gala en el texto referido tiene raíces más profundas que se apoyan en la traducción que dan ciertos arabistas al pasaje coránico 4:34. Es por lo que hemos creído necesario exponer de un modo claro y definitivo, la interpretación del Islam del referido pasaje coránico, que dirima de una vez por todas las dudas del que las tuviere acerca del tema. Traducción de daraba
Por muchas razones —que se expondrán en este texto— rehusamos rotundamente la acepción de este daraba de 4:34 como ‘golpear’ ó ‘pegar’. Pero la primera de ellas fue el considerar que, de tener esta significación, sería el único caso en todo el Corán de daraba en el sentido de ‘golpear’ ó ‘pegar’ que no especifica “en dónde se pega” o “con qué se golpea”, ya que el verbo es extraordinariamente polisémico en árabe, como ya pusiera de relieve Bartoll Rius, y nosotros mismos hemos comprobado. De las cincuenta y ocho veces que el Corán cita la raíz D-R-B, sólo en doce presenta estas dos acepciones castellanas, y en todas ellas aparece la concreción mencionada. Ni que decir tiene que ninguna de estas citas tiene nada que ver con la mujer. Veámoslas: “pegar en...”, puede ser el sentido de 47:4 (‘en el cuello’), 8:12 (‘en todos los dedos’), 47:27/29 (‘en el rostro y en la espalda’), 8:50/52 (id.); y siempre que el Corán cita el verbo daraba con el sentido de “golpear”, añade “con...”, como en los casos de 37:91/93 (‘con la diestra’), 2:58/61 (‘con tu vara’), 38:43/44 (‘con él’), 26:63 (‘con tu vara’), 7:160 (id.), 2:68/73 (‘con un pedazo de ella’), 2:57/60 (‘con tu vara’) y 38:42 (‘con el pie’). De todas formas, el estudio realizado de concordancias no nos lleva más que a desautorizar estos dos significados como únicos, puesto que existen otros que suponen agresión y que no necesitan de los citados complementos. Así pues, una vez cuestionados seriamente estos dos significados, que son los más generalizados en las traducciones de Corán al uso, pasamos a ver la conveniencia de hacer un estudio global de los significados de este verbo para darnos cuenta de cuál es su significado matriz. Así, daraba puede traducirse —además de como ‘golpear’ o ‘pegar’— también como: “hacer indicaciones, acuñar (moneda), poner (un ejemplo), citar (un refrán), mezclar, multiplicar, pulsar, latir, abatirse (sobre), tañer, hacer fuego, bombardear, viajar, infligir, tirar, plantar una tienda, hacer una araña su tela, imponer, hacer la salât, separar, dividir, inclinarse a, llamar a la puerta, batir un récord, tapiar, decapitar, imitar, irse por las nubes, quedarse cabizbajo, tomar parte, tachar una palabra, esforzarse inútilmente, llenarse de pavor, sitiar, poner una inyección, evolucionar, circular, doler, agitarse, moverse, fijar un plazo, dar parte, secuestrar, alejarse, señalar, batir un récord, no dejar oír, hacer el saludo militar, hacer el amor, etc...”.
¿Qué está haciendo alguien que toca a una puerta, alguien que tañe una campana, alguien que nos hace indicaciones? Está llamando nuestra atención. ¿Qué hace alguien que en una conversación cita un refrán o que pone un ejemplo? Está causándonos un efecto de atención. ¿Qué sentimos ante alguien que está cabizbajo, o alguien que está agitado, alguien que tiene pavor, que se esfuerza inútilmente, o alguien al que le duele algo? Está forzando que estemos atentos a él. ¿Qué efecto nos causa una araña tejiendo su tela? Una llamada a nuestra atención. ¿Qué es dentro de un texto una palabra tachada? Un golpe de atención. ¿Que nos causa alguien que bate un récord? Una impresión de asombro. ¿Qué nos ocurre cuando sabemos que alguien ha viajado, o si vemos que alguien se aleja, señala algo, alguien que no deja oír o hace un saludo marcial? Que atendemos especialmente. Y también ¿qué te supone alguien que te golpea o se abalanza sobre ti, alguien que te da un plazo límite? Está haciéndote notar que algo está mal: llamando tu atención. Si oímos que alguien ha cometido un secuestro, ¿Qué sentimos? Una fuerte impresión que llama nuestra atención. ¿Qué hace un musulmán respecto de Allah cuando hace la salât? Llamar su atención...
La sunna del Profeta
Así, en principio, frente a un verbo que, para los más contumaces, resulta ambiguo, tenemos una sunna clara y terminante, una sunna que a muchos musulmanes basta y sobra para saber cómo comportarse, a menos que la opinión de los traductores del árabe respecto a un solo verbo del Corán pese más que la conocida y contrastada vida de nuestro amado Profeta. El Profeta jamás pegó a ninguna mujer. Esto es un dato incontrovertible atestiguado por numerosos testimonios. An-nisâí recoge el siguiente fragmento de un hadiz de ‘Aisha (r.a): “Daraba Rasulullah, s.a.a.s., imra´t lahu wa lâ jâdaman qat, wa lâ daraba biyadihi shaiân qat il-la fî sabilil-lah aw tantahaka haramât Allah fayantaqama Allah” (‘Rasulul-lah jamás maltrató a ninguna de sus mujeres, ni a ninguno de sus sirvientes, y ni siquiera golpeó con la mano cosa alguna, excepto por el camino de Allah o por la transgresión de lo haram castigado por Allah’ (se refiere al yihad)). No sólo no pegó jamás a ninguna mujer, sino que dijo expresamente: “No peguéis a las siervas de Allah” (Abu Da’ud, Nasa’i, Ibn Maya, Ahmad ibn Hanbal, Ibn Hisham y Hakim, tomado de Iyás ibn AbdAllah; Ibn Hibban, tomado de AbdAllah ibn Abbas; y Baihaqi, tomado de Umm Kulzum). Asimismo desaconsejó a las mujeres casarse con hombres que pegaban, y declaró que la escena de un hombre pegando a una mujer le ponía enfermo. Como mínimo, es desconcertante que aceptemos —de todas las posibles— una versión del verbo daraba que el Profeta nunca puso en práctica. No puede olvidarse que el Corán —como su nombre indica— es una recitación, y que la traducción a hechos de las palabras del Corán es la conducta del Profeta, que era el Corán andante, como dijo en cierta ocasión ‘Aisha (r.a.). En el Islam está bien claro que la ikraha fid din, que no hay coacción física ni violencia en el din, no siendo el din los ritos, sino la totalidad de la vida del creyente, especialmente lo relativo al matrimonio que es la mitad del din en el Islam. Sabemos que el Profeta recomendó a los esposos que el trato entre ellos fuera de delicadeza y ternura. El argumento de la sunna nos parece definitivo. Más aún cuando sabemos que una de las tres condiciones de la Profecía auténtica es la imposibilidad que tiene el profeta de contradecir con su vida el mensaje que transmite, de modo que, si nunca Muhámmad pegó a ninguna de sus esposas, no puede ser esa la acepción del verbo daraba, o el Profeta no habría cumplido con su vida algo de la transmisión. La contextualización del pasaje
En resumen, el contexto no es una pelea matrimonial, sino que el Corán establece, para una situación mantenida de hostilidad y aversión de la mujer hacia el hombre, un plan de actuación. Un plan de actuación que pasa por —en primer lugar— plantear el problema y tratar de llegar a un acuerdo, en segundo lugar por evitarlas (abandonarlas en sus lechos, o más literalmente “darles la espalda en el lecho”), y, en tercer lugar, hacer daraba. Evidentemente, no pueden hacerse estas tres cosas seguidas en el contexto de una riña matrimonial, pues se hace mención clara a no mantener relaciones sexuales, lo cual supone el paso de un cierto tiempo entre la primera medida y la segunda, y entre ésta y la tercera. En primer lugar, las tres medidas son progresivas y se da cierto tiempo para que cada una de ellas surta efecto. En segundo lugar, el daraba final es hacer algo que impacte a la mujer lo suficiente como para hacerla cambiar de actitud, como hemos contado que hizo el propio Profeta yéndose veintinueve días de su casa, pero sin ponerles una mano encima. No se define qué quiera que sea este darb, porque lo fundamental del verbo es “lo que le llame la atención” hasta el punto de hacerla cambiar de conducta. Si se refiriera el Corán a un castigo físico emplearía el verbo yâlada, como usa cuando se refiere al castigo en caso de calumnia en falso. Complementariedad de los esposos
La cuestión en el fiqh
De modo que, incluso los comentadores más insensibles, han maquillado todo lo que han podido lo relativo al verbo daraba con el sentido de pegar a la mujer. Por lo general, el fiqh queda desconcertado ante este tipo de traducciones —de cuyo monopolio no tenemos el privilegio en castellano— y matizan hasta el absurdo la traducción: “pegarle con delicadeza”.
Aunque no tenemos por qué defender todas y cada una de las sentencias de los juristas del Islam, porque no son Corán ni sunna, comprendemos la intención de los juristas que, cuando han declarado que si el hombre pega a la mujer y le deja una marca, ella pueda ir a denunciarlo al qadi y tiene derecho al qisas (talión), no querían decir que se les pudiera pegar sin hacerle marca, sino que en estos casos es difícil demostrar los hechos ante el juez. El que lo haga, el musulmán que pegue a una mujer, le haga marca o no, pueda condenarlo un juez o no, no puede basarse en absoluto para hacerlo en el Corán ni tiene el menor respaldo de la sunna del Profeta ni de lo que se considera natural y sano en la sociedad islámica, sino que ha caído en un estado de degeneración psicológica en el que el hombre mezcla su complejo manifiesto de inferioridad ante ella —probablemente por ser incapaz de satisfacerla a muchos niveles— con la necesidad de tener poder dentro de la relación. Es importante lo dicho referente al qisas, porque si bien es cierto que el qadi sin pruebas poco puede hacer y no le será fácil encontrar argumentos de condena si el marido no ha dejado marcas en la agresión ni nadie ha presenciado los hechos —como suele ser normal en la intimidad del hogar— la mujer no por ello está expuesta a degenerados que calculan fríamente tipos de agresiones sin marcas —como son las técnicas de tortura de ciertas policías—, ya que en todo caso, la mujer tiene derecho al qisas, a la ley del talión, por la cual su tutor está obligado a enfrentarse físicamente si hace falta para proteger a la mujer del marido. Como prueba de que en la sensibilidad islámica la interpretación de este versículo como “golpear a la esposa” es completamente desacertada está el dato de que, en la mayoría de las legislaciones de los países islámicos, los malos tratos son motivo de divorcio legal. Otras interpretaciones del pasaje en desacuerdo con la nuestra
—Ahmed Ali en su
traducción del Corán al Inglés: A Contemporany Translation (Princeton University
Press 1988), interpreta el daraba 4:34 con el significado, perfectamente
admisible en árabe, de ‘hacer el amor’, ya que esta acepción de daraba se
encuentra en todos los diccionarios tradicionales árabe-árabe, incluido el
clásico Lisan al-’Arab de Raghib y en estudios como el del sabio lingüísta
Zamakhshari. Según Ahmed Alí el texto quedaría del siguiente modo:
Según esta interpretación, un varón débil, que se doblega ante el nushuç, no es digno de tener descendencia, pues ésta sería débil y no podría adaptarse a un medio duro como el desierto. La mujer sería la primera en despreciar a un hombre incapaz de doblegarla a la realización del acto sexual que ella —-como otras criaturas del reino animal: gato, etc.— aparenta rechazar. Daría la razón a esta interpretación tanto la acepción primaria de nushuç como “rechazo a realizar el acto sexual”, como la de Tabari de ihÿurûhunna que remonta a la raíz árabe haÿr que hace derivar lingüísticamente de ‘atar’. Según Tabari: “‘Desterrarla en su lecho’ quiere decir atarla a su cama”. Los que defienden esta interpretación, argumentan que dentro del Corán existen todos los niveles de explicaciones para todos los seres humanos, y que existen personas cuyo modo propio de sexualidad es de índole sadomasoquista, sin que el Islam condene nada de lo que sucede por voluntad mutua de los esposos dentro del ámbito de la sexualidad privada. Lo cierto es que, a pesar de la aparente distancia que mantienen los defensores de esta postura con la nuestra, hay dos puntos de conexión: 1) La mujer estaría aceptando este tipo de relación, y sería, pues, de su gusto que así fuera, y 2) La interpretación de daraba como ‘golpear’ no sería la acepción universalmente válida, sino sólo para determinadas parejas que encuentren así su felicidad sexual, cosa que el Islam siempre protegerá.
—Abderrahmán Muhámmad Maanán, que nos sugiere que interpretemos el texto no en clave de las relaciones hombre-mujer sino en la de las relaciones Allah-Muhámmad. Según él, el Profeta va a castigar a un esposo que ha pegado a su mujer y el Corán viene a doblegarlo, a someterlo a unas razones que se le escapan por completo. El hombre y la mujer que motivaron la bajada de la aya no serían pues más que una excusa para que el Corán se mostrase como la palabra del Yabbar por mediación de Yibril. No es un aya destinada a legislar el trato entre los esposos sino a dejar claro a Muhámmad que él es sólo un mensajero y que no es él quien iba a construir el Islam según su modo de entender. Así, se le transmite un aya que no pretende informarle ni dar contenido a la experiencia del musulmán sino con la única idea de doblegarlo, por tanto, aya destinada exclusivamente a Muhámmad .
Y ¿qué es lo que pasa cuando una aya no tiene sunna? Que hay un velo. Este aya ha sido deliberadamente velada por Allah para que cada uno se ponga a prueba a sí mismo. Tiene, por ello, esta aya una significación mística, no legal. Puesto que —como ya se ha dicho— un Profeta verdadero no puede incumplir nada del mensaje que transmite, deberemos entender que esa aya para nosotros no tiene en absoluto el sentido de golpear a la mujer. Si buscamos en la sunna alguna de las acepciones de la palabra daraba que el Profeta sí cumpliera obtendremos el ya consabido ‘dar un golpe de efecto para hacerlas cambiar’. Los alfaquíes lo que hacen es respetar el Corán tal y como lo entienden, pero como no tienen en la vida de Muhámmad un modelo de daraba en el sentido de ‘golpear’, en lugar de reflexionar acerca del sentido original del verbo prefieren interpretarlo como ‘golpear’ pero vaciado completamente de sentido, dejado en puro símbolo, con explicaciones como golpear con una brizna de paja, que rayan en lo ridículo. En este caso, ‘daraba’ significaría ‘golpear a la mujer’ pero no sería una aya dirigida a los seres humanos corrientes, sino a Muhámmad en tanto que Profeta, con idea de doblegarlo a Allah, sabiendo que el Profeta nunca podrá cumplirla. —Hay otra interpretación del pasaje de la que no se desprende que en el Islam se pueda golpear a la esposa, pero que sin embargo admite la acepción del verbo como ‘golpear’, y es la que se da en el ámbito de la Escuela Akbarí (la de Ibn ‘Arabî), según la cual, el pasaje no se refiere a la relación hombre-mujer lo más mínimo, sino a la de una criatura que aspira a la intimidad con Allah y su nafs. Según esta interpretación, la persona que busque a su Señor tiene ocasionalmente en su nafs una compañera difícil que le asfixia la existencia, y en este caso lo que la persona debe hacer es tratar de comprender sus argumentos y hacerla entrar en razón. Una vez fracasada esta primera medida debe darle la espalda, prescindir de todo trato con esa nafs que le hace la vida imposible, perder todo contacto con ella. En esto consiste la búsqueda de la experiencia del tawhid a través del dikr y la hadra. En dicha experiencia, el hombre ha dado la espalda a su nafs. De vuelta de dicha comprensión, el místico debe ‘golpear su nafs’ como siempre lo han hecho en determinado momento de su existencia los awliyá de Allah. Esos actos en los que parece que el místico se aborrece a sí mismo, no son el estatus normal de la mística islámica, sino medidas excepcionales para nufus extraordinariamente hostiles en momentos de especial tensión desintegradora del tawhid. Un maestro sufi ordenó a un discípulo con una nafs difícil que fuera al mercado y diera un dátil a cada hombre que le diese una bofetada. Este hombre estaba literalmente haciendo daraba sobre su nafs, pero hay modos más sutiles. En este caso, ‘daraba’ significaría ‘golpear’ pero no a la mujer sino a la nafs cuyo símbolo espiritual es la mujer, ya que la mujer es la nafs del hombre, la idea que tenemos de nosotros mismos. Conclusiones
Aunque careciéramos de otros argumentos, así fuera sólo contando como guía de conducta con la sunna del Profeta, los musulmanes sabríamos a qué atenernos en la cuestión que se nos plantea, porque nos ha llegado con detalle cuál fue su costumbre en lo relativo al trato con las mujeres: sabemos que le repugnaba ponerles la mano encima, y sabemos que nunca lo hizo. Ésta es la sunna del musulmán y nuestra conclusión es terminante: La agresión es kufr. Toda agresión (ta’addin) es kufr. “Allah no ama a los agresores” (mu’tadin), dice el Corán en numerosas ocasiones. Todo lo que es agresión está expresamente condenado en el Islam, incluso en las más sutiles de sus formas: enseñar el cuchillo al cordero que se sacrifica, pasar un cuchillo dejando la hoja desnuda, golpear en la rodilla para llamar la atención. Respecto a la yihad es siempre defensiva, no ofensiva. Agredir a la mujer —como a cualquier otra criatura de Allah— es parte del kufr. Y no sólo la violencia física a la mujer está prohibida, sino también la verbal. El Islam es delicadeza y todo lo que se salga de ahí pertenece a un universo que nos es ajeno. En resumen, y para que quede constancia de las opiniones en que nos hemos apoyado, hemos negado que la acepción acertada al pasaje de Corán 4:34 sea la de golpear a la esposa, y lo hemos defendido con varios tipos de argumentos: 1. El argumento filológico: El significado raíz del verbo es ‘dar una llamada de
atención’ (Academia de Jurisprudencia Islámica Española y Abdallah Bartoll). Como comentario al margen, queremos dejar en el aire la reflexión de lo triste que es para un din como el Islam, generoso y abierto, que históricamente ha sido un hecho radicalmente civilizador allí donde ha llegado, tener que recibir lecciones de cultura, educación y delicadeza en el trato humano de parte de los no-musulmanes.
Finalizamos con una recomendación coránica y un hadiz —respecto de las esposas— que el autor del libro que da pie a esta investigación y sus seguidores no pueden manipular: “Convivid con ellas con benevolencia y justicia, y, si os disgustan, tal vez os esté disgustando algo en lo que Allah ha puesto mucho bien” (4:19). Y Bujari, por su parte, nos transmite: “El más perfecto de los creyentes es el de mejor carácter. Y el mejor de entre vosotros es el que sea más cariñoso con sus mujeres”. Ésta es la sunna del Profeta; esto es el Islam.
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